Cuál es el lenguaje para que Dios entienda que te quiero a ti,
que ni a gritos me escucha y mis suplicas parecen mudas.
Tú
complice de esta mi condena que me ha sentenciado a todas mis vidas a pertenecerte,
haciendo de mi libre albedrío nulo y escasa la voluntad.
Ya que es a ti
a quien mi alma ha decidido otorgarle mi vida y el costo de la libertad.
-Karla Urdaibay
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