La escogí a ella cuando me preguntó entre dos labiales rojos.
Ese, le dije, señalando un tono rojizo escarlata dejando de lado el carmín.
Bajó el espejo apuntando una luz tenue sobre su rostro.
Sin mirarla, la observé de reojo, no quería hacer tan evidente mi fascinación.
“¿Te gusta?” Me preguntó, sosteniendo su mirada avellana sobre la mía.
Provocando(me) un silencio de 3 segundos,
dejándome absorta,
todo se resumió en un sí.
-Karla Urdaibay
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